TESTIMONIOS DE PROFESIONALES:
La familia no viene preguntando a qué puede
jugar, no lo trae como una pauta importante. Si lo
hicieran, inclusive podríamos hacer mejor los
diagnósticos. Debe informarse a la gente sobre el
significado tiene el juego. Cuando les pregunto qué
come el bebé, ellos, como saben que se lo voy a
preguntar, lo saben. Pero cuando les pregunto “¿A
qué juega?” no saben qué decir.
A muchos padres les cuesta la observación. Hay que
observar al niño y observar las cosas que uno hace
como padre, desde las más básicas y necesarias
hasta, si es chico jugar en el suelo con él o si es
adolescente, sentarse en la cama con él a escuchar
su música y criticarla. Buscar al niño o al
adolescente que llevamos dentro nos permitirá ser
mejores padres, pero es algo que hay que practicar
a diario. Jugando con los padres el niño va a
adquirir seguridad y confianza en sí mismo.
El pediatra en cada control debe estar atento a
ver, en las distintas etapas psico-evolutivas, a
qué juega ese niño. Y que el juego pase a ser un
pilar importante en el descubrimiento de
enfermedades de índole social, como el abandono,
psicológicas como la depresión y angustia, o
físicas como la obesidad.
Un bebé que juega con su propio cuerpo, aprende a
pararse y dar pasos, y la madre debe estimular ese
desarrollo porque le va a dar confianza y seguridad
en sí mismo. El adulto debe tener instrucción por
parte del médico para ayudarlo o estimularlo en
cada una de esas etapas. Un niño que juega tendrá
también menos posibilidades de enfermarse cuando
sea adulto.
El juego es fundamental y no surge
naturalmente. Se necesita de un medio ambiente
facilitador para que el niño arme la estructura del
juego. Todo lo importante en la vida de un niño
pasa por el juego. Nada importante queda por fuera
del juego. El juego estructura al niño como un
sujeto, hace que el niño pueda mirarse en el espejo
y decir “ese soy yo”. Uno puede decir “yo” porque
pasó por el juego. Hace posible que uno sienta que
tiene un cuerpo, una psiquis, que quiere una cosa,
que quiere otra... El juego hace posible que el
niño pueda soportar situaciones terribles sin que
sean traumáticas.
Un niño que no juega no se puede decir que es un
niño sano. La salud pasa por el juego. Un niño es
sano porque juega y si no juega hay que hacerlo
jugar. El juego hace lazo social. El juego es cosa
seria, muy seria.
No se pierde el tiempo jugando, se perdería si uno
no jugara porque estaría ligado siempre a lo mismo.
El juego posibilita transcurrir. Repitiendo se
“vuelve” a algo diferente. Buscando lo mismo
siempre se encuentra algo distinto. Y ese volver y
volver no es un círculo que se cierra sino que es
como un espiral, el espiral de la vida. Y así se va
avanzando. Cuando uno no puede jugar no puede hacer
ese rulo y siempre está circulando en lo mismo.
Los padres jugando con sus hijos aprenden a
conocer qué es lo que quiere, siente y demanda el
chico. A través del juego el chico se suelta,
habla, cuenta, crea.
Cuando uno le pregunta a los padres a qué
juegan con el chico, la mamá en general explaya un
montón de juegos y el papá en general dice: “juego
a la lucha o a las muñecas cuando puedo”. Hay que
incentivar más a los padres a lo vincular a través
del juego y enseñarles a jugar. Darles pautas como
pediatra de a qué conviene jugar en las diferentes
etapas.
Muchas veces un papá se sienta a jugar y quiere que
su hijo juegue a su forma y en realidad nosotros
tenemos que jugar a la forma del niño. Nosotros
damos la primera pauta y después sobre lo que va
creando él es sobre lo que vamos jugando. La primer
pauta ofrecérsela como para decir “estoy en lo
mismo que vos, estamos en el mismo código”, ahora
juguemos a lo que vos quieras.
El juego para la infancia es todo. Permite al niño
transformarse en un adulto completo. Si no juega no
crece, porque en el juego se madura lo conductual,
lo cognitivo, lo madurativo, es decir, la capacidad
de ir generando cosas cada vez más complejas. Lo
intelectual, lo psicosocial. La evolución de un
chico a través de las distintas etapas de juego me
dice que crece bien. Cuando esto no sucede
prestemos atención porque hay algo que no funciona.
Hay papás y papás, pero la mayoría está accediendo
a permitirse llegar del trabajo y sentarse a jugar.
No a jugar con un objeto, a jugar, a escucharlo, a
tirarse en la alfombra, a dar vueltas, a conectarse
con el cuerpo, a abrazarse, todo esto es muy
importante para todo lo vincular que viene
después.
No hay que saber jugar, hay que disponerse a
jugar. Disponerse a encontrarse con el otro.
También puede haber desencuentros, pero también en
esta búsqueda uno se va encontrando con el niño.
Disponerse es estar escuchando a ese niño,
acompañándolo, sosteniendo ese lugar y en realidad
es el niño el que va a decir “papá hacé esto” o
“mamá hacé esto”, “juguemos a la nena y yo soy la
nena y vos la mamá”. Eso me parece que es
importante para un padre: dejarse ordenar por su
hijo. En ese momento, que el niño lo ponga en los
roles que el niño quiere.
El niño cuando juega marca presencia y así se
apropia de su cuerpo, del espacio, del tiempo, de
los objetos y ahí es donde aprende. Si un niño mira
todo el tiempo televisión, acota sus niveles de
creatividad y le será más difícil apropiarse de su
cuerpo por la falta de experiencias.
Los padres tienen que disponer de un tiempo y de un
espacio para estar con el niño, encontrarse y poder
jugar. No estar pensando en el trabajo y en lo que
tienen que hacer sino estar comprometidos en esa
relación y estar presentes. Me parece que un modo
de estar presente es cuando estoy jugando con el
niño.
El juego para la infancia es el lugar primordial y
la condición para que el niño aprenda. Si un niño
no juega va a tener dificultades en su aprendizaje.
¿Qué le propicia el juego? Experiencias con su
cuerpo, con los objetos, con el espacio. Él va
adquiriendo conocimiento y saber a través del
juego. También el niño va integrando la
personalidad en el juego. Despliega sus miedos y
temores. y los ve desde otro lugar. Y de esa manera
los va elaborando.
Al principio el bebé hará con su mamá juegos
sonoros donde se ponen en juego los turnos de
intercambio, los lugares de participación, lo que
dice el bebé que puede ser un sonido y la mamá que
contesta a esto con un matiz de asombro, de agrado,
de pregunta.
Si entendemos al juego como un espacio de
creatividad y de placer es un momento en el que el
niño puede desplegar sus padecimientos, sus
experiencias placenteras, elaborar, reelaborar. La
palabra va a poder nutrir ese juego de simbolismo.
La palabra podrá establecer relaciones de
espacialidad, de temporalidad. Se podrá jugar a
algo, a lo que el niño nunca tendrá la posibilidad
de vivir. Pueden jugar a ser indios, pueden nombrar
objetos de indio aún no teniéndolos y transformar
un palito en el caballo del indio y hasta
transportarse al futuro a través del lenguaje en el
momento de encuentro, de juego.
Si uno está atento a lo que el niño trae, a su
deseo, uno puede ofrecer el desarrollo de un juego.
Pero siempre el juego tendrá que ver con lo que el
niño trae. Uno tiene que dejarse llevar.
Decíamos que el lenguaje tenía que ver con la
salud. Es saludable que un niño juegue. Un niño no
aprende a hablar solo, aprende a hablar con otro
que le habla amorosamente y que lo escucha, que le
da un lugar de hablante, que da crédito de lo que
él dice y a la forma en que él pueda decirlo, según
la edad. Además, si la voz es la que porta la
lengua y es el primer instrumento que lleva el
niño, tiene que ser una voz amorosa, que envuelva,
que calme.
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TESTIMONIOS DE PADRES