TESTIMONIOS DE PROFESIONALES:

El Dr. Julio Gerardi, Pediatra, nos dice:

La familia no viene preguntando a qué puede jugar, no lo trae como una pauta importante. Si lo hicieran, inclusive podríamos hacer mejor los diagnósticos. Debe informarse a la gente sobre el significado tiene el juego. Cuando les pregunto qué come el bebé, ellos, como saben que se lo voy a preguntar, lo saben. Pero cuando les pregunto “¿A qué juega?” no saben qué decir.

A muchos padres les cuesta la observación. Hay que observar al niño y observar las cosas que uno hace como padre, desde las más básicas y necesarias hasta, si es chico jugar en el suelo con él o si es adolescente, sentarse en la cama con él a escuchar su música y criticarla. Buscar al niño o al adolescente que llevamos dentro nos permitirá ser mejores padres, pero es algo que hay que practicar a diario. Jugando con los padres el niño va a adquirir seguridad y confianza en sí mismo.

El pediatra en cada control debe estar atento a ver, en las distintas etapas psico-evolutivas, a qué juega ese niño. Y que el juego pase a ser un pilar importante en el descubrimiento de enfermedades de índole social, como el abandono, psicológicas como la depresión y angustia, o físicas como la obesidad.

Un bebé que juega con su propio cuerpo, aprende a pararse y dar pasos, y la madre debe estimular ese desarrollo porque le va a dar confianza y seguridad en sí mismo. El adulto debe tener instrucción por parte del médico para ayudarlo o estimularlo en cada una de esas etapas. Un niño que juega tendrá también menos posibilidades de enfermarse cuando sea adulto.

La Lic. Elisabet Moleres, Psicoanalisita, nos dice:

El juego es fundamental y no surge naturalmente. Se necesita de un medio ambiente facilitador para que el niño arme la estructura del juego. Todo lo importante en la vida de un niño pasa por el juego. Nada importante queda por fuera del juego. El juego estructura al niño como un sujeto, hace que el niño pueda mirarse en el espejo y decir “ese soy yo”. Uno puede decir “yo” porque pasó por el juego. Hace posible que uno sienta que tiene un cuerpo, una psiquis, que quiere una cosa, que quiere otra... El juego hace posible que el niño pueda soportar situaciones terribles sin que sean traumáticas.

Un niño que no juega no se puede decir que es un niño sano. La salud pasa por el juego. Un niño es sano porque juega y si no juega hay que hacerlo jugar. El juego hace lazo social. El juego es cosa seria, muy seria.

No se pierde el tiempo jugando, se perdería si uno no jugara porque estaría ligado siempre a lo mismo. El juego posibilita transcurrir. Repitiendo se “vuelve” a algo diferente. Buscando lo mismo siempre se encuentra algo distinto. Y ese volver y volver no es un círculo que se cierra sino que es como un espiral, el espiral de la vida. Y así se va avanzando. Cuando uno no puede jugar no puede hacer ese rulo y siempre está circulando en lo mismo.

El Dr. Fernando Lamas, Pediatra, nos dice:

Los padres jugando con sus hijos aprenden a conocer qué es lo que quiere, siente y demanda el chico. A través del juego el chico se suelta, habla, cuenta, crea. Cuando uno le pregunta a los padres a qué juegan con el chico, la mamá en general explaya un montón de juegos y el papá en general dice: “juego a la lucha o a las muñecas cuando puedo”. Hay que incentivar más a los padres a lo vincular a través del juego y enseñarles a jugar. Darles pautas como pediatra de a qué conviene jugar en las diferentes etapas.

Muchas veces un papá se sienta a jugar y quiere que su hijo juegue a su forma y en realidad nosotros tenemos que jugar a la forma del niño. Nosotros damos la primera pauta y después sobre lo que va creando él es sobre lo que vamos jugando. La primer pauta ofrecérsela como para decir “estoy en lo mismo que vos, estamos en el mismo código”, ahora juguemos a lo que vos quieras.

El juego para la infancia es todo. Permite al niño transformarse en un adulto completo. Si no juega no crece, porque en el juego se madura lo conductual, lo cognitivo, lo madurativo, es decir, la capacidad de ir generando cosas cada vez más complejas. Lo intelectual, lo psicosocial. La evolución de un chico a través de las distintas etapas de juego me dice que crece bien. Cuando esto no sucede prestemos atención porque hay algo que no funciona.

Hay papás y papás, pero la mayoría está accediendo a permitirse llegar del trabajo y sentarse a jugar. No a jugar con un objeto, a jugar, a escucharlo, a tirarse en la alfombra, a dar vueltas, a conectarse con el cuerpo, a abrazarse, todo esto es muy importante para todo lo vincular que viene después.

La Lic. Mariana Selvaggi, Psicomotricista, nos dice:

No hay que saber jugar, hay que disponerse a jugar. Disponerse a encontrarse con el otro. También puede haber desencuentros, pero también en esta búsqueda uno se va encontrando con el niño. Disponerse es estar escuchando a ese niño, acompañándolo, sosteniendo ese lugar y en realidad es el niño el que va a decir “papá hacé esto” o “mamá hacé esto”, “juguemos a la nena y yo soy la nena y vos la mamá”. Eso me parece que es importante para un padre: dejarse ordenar por su hijo. En ese momento, que el niño lo ponga en los roles que el niño quiere.

El niño cuando juega marca presencia y así se apropia de su cuerpo, del espacio, del tiempo, de los objetos y ahí es donde aprende. Si un niño mira todo el tiempo televisión, acota sus niveles de creatividad y le será más difícil apropiarse de su cuerpo por la falta de experiencias.

Los padres tienen que disponer de un tiempo y de un espacio para estar con el niño, encontrarse y poder jugar. No estar pensando en el trabajo y en lo que tienen que hacer sino estar comprometidos en esa relación y estar presentes. Me parece que un modo de estar presente es cuando estoy jugando con el niño.

El juego para la infancia es el lugar primordial y la condición para que el niño aprenda. Si un niño no juega va a tener dificultades en su aprendizaje. ¿Qué le propicia el juego? Experiencias con su cuerpo, con los objetos, con el espacio. Él va adquiriendo conocimiento y saber a través del juego. También el niño va integrando la personalidad en el juego. Despliega sus miedos y temores. y los ve desde otro lugar. Y de esa manera los va elaborando.

La Lic. Marcela Burcaizea, Fonoaudióloga, nos dice:

Al principio el bebé hará con su mamá juegos sonoros donde se ponen en juego los turnos de intercambio, los lugares de participación, lo que dice el bebé que puede ser un sonido y la mamá que contesta a esto con un matiz de asombro, de agrado, de pregunta.

Si entendemos al juego como un espacio de creatividad y de placer es un momento en el que el niño puede desplegar sus padecimientos, sus experiencias placenteras, elaborar, reelaborar. La palabra va a poder nutrir ese juego de simbolismo. La palabra podrá establecer relaciones de espacialidad, de temporalidad. Se podrá jugar a algo, a lo que el niño nunca tendrá la posibilidad de vivir. Pueden jugar a ser indios, pueden nombrar objetos de indio aún no teniéndolos y transformar un palito en el caballo del indio y hasta transportarse al futuro a través del lenguaje en el momento de encuentro, de juego.

Si uno está atento a lo que el niño trae, a su deseo, uno puede ofrecer el desarrollo de un juego. Pero siempre el juego tendrá que ver con lo que el niño trae. Uno tiene que dejarse llevar.

Decíamos que el lenguaje tenía que ver con la salud. Es saludable que un niño juegue. Un niño no aprende a hablar solo, aprende a hablar con otro que le habla amorosamente y que lo escucha, que le da un lugar de hablante, que da crédito de lo que él dice y a la forma en que él pueda decirlo, según la edad. Además, si la voz es la que porta la lengua y es el primer instrumento que lleva el niño, tiene que ser una voz amorosa, que envuelva, que calme.

 
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